martes, 24 de febrero de 2009

DE CARNAVAL


Una política muy a la italiana la practicada en estos momentos en nuestro país. Mafiosa y de carnaval. Y como en el carnaval veneciano, de máscaras, ambas caras se reúnen en una única presentación.

Es mafioso el abordaje escénico de los asuntos que ya no sólo aquejan al país, según frase hecha, sino que lo tienen postrado y en vías de defunción. Hoy, día de la Bandera, acabo de enterarme que “Calderón determina poner punto final a las acciones criminales del narco” y apenas pude con la carcajada. Por un momento pensé que la campaña presidencial de 2012 se adelantaba o que regresábamos a 2006 cuando este señor soltó al ejército en Michoacán “en una guerra frontal contra el crimen organizado”, que cuenta ya más de 6 mil muertos. Ya repuesto del ataque de hilaridad trato de ubicarme en la precampaña de las elecciones intermedias de 2009 y allí sí le entiendo al chapito, sólo es un fogonazo más de los fuegos pirotécnicos de inicio de la campañita electoral esta, en la que Felipe de Jesús mira la derrota total de su partido y, desesperado, declara la pesadilla del fin de semana (que tampoco le creemos) o lo que la lectura de Atalaya le inspiró antier, con tal de mover esas aguas electoreras. Es parte del carnaval fuera de puerto.

Antes de esta barbaridad verbal supimos que uno de los secretarios del llamado gabinete federal, el de economía, fue mucho más allá y se adelantó a cualquier campaña o candidato para la presidencial y dijo que a como van las cosas el siguiente presidente sería un representante de alguno de los cárteles del narcotráfico. Uno se imagina al Chapo Guzmán, la Leyenda de Puente Grande, con la banda tricolor al pecho y cantando el Himno Nacional mucho mejor que Julio Preciado en la inauguración de la serie de béisbol del Caribe, allá en Mexicali. Pero resultó que esa atrocidad declarativa era parte de una operación propagandística para cubrir a El Presidente en su debilidad personal y, ojo (ojísimo si se puede), para hacer frente a la mala imagen que se tiene de México en el extranjero. Se trataba de cubrir al capo mayor nada más, algo por demás inútil pero que algún tonto debe intentar (¿ o acaso estaba pensando en García Luna?). La imagen del país no es otra que la que cualquier trabajador de una embajada percibe y transmite. Ya vimos lo que dijeron los gringos a sus turistas: a México vayan por pura necesidad o manden fax.

El domingo pasado balearon un carro escolta del gobernador de Chihuahua, a pocos días después de que él y otro distinguido miembro del gabinete (el que quedó en lugar del niño Mouriño) tuvieran un intercambio epistolar público poco amistoso sobre el tema de cuál estado de la república es el más representativo de los estragos del crimen organizado. Bonita competencia, chulada diría el Cuervito Zamora. El secretario alegando que Chihuahua no tiene comparación y el gobernador pidiendo que no lo señalen así. Estamos a martes y el gobernador no dice la razón del ataque y de la muerte de su guardia personal. Se dice que fue “un incidente vial” y mientras dura el enredo ya el senador Madero está haciendo leña del árbol balaceado. Claro, el mentado senador es el candidato natural del PAN a la gubernatura de Chihuahua. Más agua para el molino en quiebra. La fiesta da para mucho, como vemos.

Y todo se desgranó cuando El Chapo Calderón, todavía despachando como presidente, regañó a Carlos Slim y a medio país acusándonos de catastrofistas cuando vemos que la crisis económica no tiene para cuando. La mafia gobernante linchó al magnate como si fuera Judas y en adelante todo el que diga la verdad sobre lo que ocurre es un catastrofista. Por eso los secretarios deshilacharon vestiduras y verbo y los ciudadanos aguantamos vara, como siempre. Pero a diario el peso se deprecia frente al dólar y la bolsa de valores sale perdiendo, diario. Y diario los alimentos suben de precio y ya veremos el pescado en Semana Santa. Y diario los muertos de la Guerra de los Chapos se apilan sin nombre ni expediente. Y diario las reservas del Banco de México bajan su nivel porque los sacadólares y especuladores no tienen llene. De harina la costalera, pero sin catastrofismos, eso sí.

Y el problema real es que mientras estos rufianes que nos gobiernan se dedican al carnaval de la mafia y el engaño, los ciudadanos de a pie nos arrinconamos al borde del pánico sin esperanza ninguna de siquiera saber qué sucede. Ya no pedimos que hablen con la verdad, sino que detengan esa burla infame. Todos, diputados y senadores, priístas y perredistas, gobernantes e impostores, están apostando en el casino de las elecciones, mientras la verdad catastrofista aterra por donde nos asomemos. No se vale.

Pero no me acobardo ni amilano, ni mucho menos, qué va. Tampoco les diré que mañana iré a la ceniza a la que iglesia católica me condena, uno decide ser cremado y ya.

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